
(fuente de la foto: avalero disponible en flickr)
Bueno, en realidad volvimos hace tres semanas, cuatro si tenemos en cuenta la semana que dedicamos a los exámenes de nivel.
Volver a la tarima es duro pero no porque queden atrás las vacaciones sino porque cuando no tenemos clase podemos organizar y optimizar mejor el tiempo de trabajo. Luego vienen nuestros chicos con su energía, su caos y su impaciencia: todo es urgente y todo es de suma importancia para su futuro académico y personal. Nuestros correos electrónicos se empiezan a colapsar y el programa que tenemos en la agenda se queda en una mera declaración de intenciones. Un compañero de trabajo suele empezar su curso con estas palabras: «Queridos alumnos, me alegra voleros a ver pero la verdad es que no os he echado nada de menos». No es cierto. Nos encanta que den señales de vida y que nos manden postales.
Este curso tengo dos grupos de veinticinco alumnos y 40 tutelados a los que he apodado cariñosamente «los cuarenta ladrones». Yo soy Alí Babá y espero que alguno de los «ladrones» sepa dónde está la gruta Sésamo y la lámpara de Aladino.
Como tengo sólo cinco tutelados nuevos, me han encargado que lleve a cabo con ellos una prueba piloto sobre portafolios. Mira que llevamos tiempo haciendo pruebas y fracasando. A ver si esta vez hay más suerte...
En clase intento introducir las TIC en cada lección: claro vínculo con el programa, ejercicios con instrucciones precisas y un ejemplo para orientarles. Ellos se lo pasan bomba (algunas aportaciones son realmente ingeniosas) sin darse cuenta de que están haciendo los deberes en clase. Si me quedo atascada, siempre hay un ángel de la guarda informático dispuesto a echarme una mano. El único inconveniente que veo de momento es que ahora tengo tres veces más deberes que corregir. La necesidad aguza el ingenio. Ya se me ocurrirá algo.
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